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Por una convivencia urbana posible

ESPACIO DE DEBATE EN RED fepsu SOBRE PREVENCION Y SEGURIDAD

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Prólogo de la publicación sobre los Foros de Prevención y Seguridad 2009

Celebro poder darles la bienvenida a esta publicación especializada en un tema tan particular como es la prevención y la seguridad urbana. Pues me ha tocado en la vida, sin ser un experto en el tema, hacerme cargo de un compromiso social muy vinculado a un futuro colectivo más justo, inclusivo y humano: dirigir un instituto público de enseñanza secundaria en un barrio “difícil” de una ciudad con un alto índice de cruce de culturas y clases. Prevenir es ocuparse de las cosas. Cualquier persona, sea cual fuere su puesto de trabajo o responsabilidad en la sociedad, puede aportar algo para que la vida en comunidad sea mejor para todos. Porque los entornos de convivencia de hoy son duros. Las tensiones se disparan por múltiples razones. En las calles y en los barrios amenazan antagonismos y confrontaciones de todo tipo. El alumno traedesde afuera al instituto una carga de agresividad que asimiló, casi, sin darse cuenta. Me he preguntado entonces ¿qué hacer? Intenté, durante todos mis años dedicados a la docencia, crear entornos acogedores donde el chico y la chica quisieran permanecer. Si el instituto provee un marco hospitalario donde prevalezca, ante todo, el sentido común en las relaciones entre los alumnos, los profesores y el personal de la casa, las posibilidades de conflicto comienzan a diluirse. En las ciudades donde se intentan resolver los problemas legislando sólo represivamente, suelen incubarse conflictos mayores a futuro. En la escuela sucede lo mismo. En una familia también. Ante las conductas de los adolescentes nunca me dejé llevar por paranoias obsesivas, ni me refugié en normativas autoritarias. Porque cuando se establecen restricciones muy severas, se instalan tensiones latentes que son el caldo de cultivo para las conductas agresivas y violentas. Cuando las prohibiciones afectan a todos, sin considerar que los responsables son solamente una minoría, entonces sufre toda la comunidad escolar. Y lo mismo sucede en el resto de la ciudad. Creo que si tengo un entorno social complicado, y replico esa realidad dentro de la escuela, genero un círculo vicioso del cual no se puede salir. Pero si me atrevo a quebrarlo, creando un espacio escolar feliz, puede que llegue el éxito. Transformar el colegio no es fácil, tampoco la vida afuera, porque no es un proceso lineal. Hay oposiciones desde muchos ámbitos y, apenas sucede algo, algunas voces se alzan para señalar los riesgos de no aplicar políticas reactivas generalizadas. Pero el colegio podría ser un ejercicio social donde construyéramos un escenario de vida diferente. Evitando manejarnos con ideas preconcebidas de las cosas hasta que no las comprobemos en la realidad. Y aceptando la capacidad para modificar la rigidez de nuestros principios, en función de los resultados objetivos que vayamos obteniendo. Aunque estos, eventualmente, nos sean adversos. 

El colegio donde ejerzo mi función es un instituto abierto al barrio y al mundo, donde la relación entre las diversas identidades culturales es algo que fluye sin subrayar las diferencias. Primero se considera a la persona y luego su identificación identitaria. Las mejores formas de integración se dan naturalmente, en las relaciones cotidianas no forzadas.

 Comparto, y sumo, mi experiencia empírica a la de los especialistas que incluyen sus trabajos en estas páginas para animar a quienes deseen comprometerse, desde cualquier ámbito de la sociedad, como protagonistas. La prevención es responsabilidad de todos. Y demanda ocuparse mucho, sin límite tal vez. Como en la escuela, como en casa y en toda la ciudad.


Carlos Díaz
Director del IES Barri Besòs, Barcelona

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