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Arquitectura Forense y feminicidios. Derivas de un método

 

La exposición “Forensic Architecture. Hacia una estética investigativa” se puede visitar hasta el 15 de octubre en el segundo piso del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA). Propone un método de investigación específico, pero con amplias posibilidades de transferencia. Una de ellas, hacia el ámbito de la investigación feminista y una de las manifestaciones extremas de la violencia de género: los feminicidios.

Las piezas en exhibición conforman una serie de “pruebas espaciales”. Formalización que ha sido posible por el trabajo cooperativo de un equipo multidisciplinar conformado por arquitectos, artistas, cineastas y periodistas de investigación, que las producen a partir del estudio de conflictos armados y luchas socio políticas. Los lugares en los que se presentan estas pruebas pueden ser tribunales internacionales, comisiones para la verdad y/o foros para el desarrollo humano ambiental. Todas ellas se refieren a diferentes formas de violencia, algunas reconocidas como crímenes de lesa humanidad, y reflexionan sobre aquello que llamamos “lo humano”. Ningún feminicidio es recortado individualmente de la selección de casos. Pero las técnicas y perspectivas desplegadas en esta muestra podrían aportar un avance metodológico innovador para su análisis, comunicación y posterior encausamiento jurídico.
 
Un problema de visibilidad y denominación

En instancias internacionales los feminicidios no son vistos como crímenes de lesa humanidad y no pueden ser juzgados como tales. Una de las causas es que los delitos considerados imprescriptibles por el Estatuto de Roma, la norma fundante de la Corte Penal Internacional, son aquellos perpetrados de manera generalizada o sistematizada contra una población civil. ¿Cuándo un ataque se considera generalizado? Reflexiona la abogada feminista Karla Salas Ramírez en su artículo El feminicidio como crimen de lesa humanidad. Para la Comisión de Derecho Internacional de Naciones Unidas, cuando un ataque responde a un plan preconcebido. 

En el caso de los feminicidios el “plan preconcebido” mata sistemáticamente mujeres en el tiempo. Generalmente en una relación victimario-víctima de 1:1. Pero el plan no tiene autores identificables. Sí cuenta con incontables ejecutores materiales, conocidos y desconocidos que actúan en épocas de paz o de conflicto bélico, con el apoyo directo o indirecto del Estado. El plan se confunde con una diversidad de prácticas sociales aceptadas y legitimadas, ya se sabe.
 
Pero es necesario hacer visible esa confusión, por ejemplo, en un modelo, o maqueta, construido a escala, que pueda ser contemplado desde diferentes distancias.  
 
Salas Ramírez fue la abogada del caso conocido como Campo Algodonero en Ciudad Juárez.  Los familiares de tres de las mujeres asesinadas, esta vez la escala fue de 2:8/9, lograron llevarlo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El fallo reconoció la responsabilidad del Estado Mexicano, pero no la figura del feminicidio. En declaraciones de la jueza Cecilia Medina Quiroga “difícilmente la Corte podrá tomar esa palabra porque en la academia y en el activismo tiene muchas definiciones y entonces no estaría bien que adhiriera a alguna de ellas”.
 
A la “falta” del plan preconcebido se suma el problema de la denominación. ¿Femicidio y o feminicidio? El primero es el concepto utilizado en 1976 por Diana Russell y Jill Radford en su obra Femicide. The Politics of Woman Killing, el segundo es una modificación propuesta por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, porque femicidio “no incluye el análisis de la construcción social de la violencia y tampoco el papel del Estado, entre otras cosas”.
 
En función de ello, Rita Segato, antropóloga social e investigadora, propone sumar el concepto de femigenocidio. Argumenta que, si bien el término feminicidio “ayuda a las audiencias a percibir el bulto de los crímenes misóginos, por otro lado, refuerza la privatización de la violencia de género y dificulta percibir las manifestaciones de esa misma violencia que forman parte de otras escenas”. Por ejemplo las guerras. En el uso popular, los términos conviven con expresiones como “crimen pasional”, que invisibiliza completamente el problema.
 
El método arquitectónico-forense

Dos recortes visuales de la muestra presentada en el MACBA de Barcelona, permiten acceder a algunos parámetros de evaluación que posibilita esta innovadora forma de construir conocimiento. El antes y el después de un hecho al que todos podemos ya, gracias a los medios de comunicación, poner alguna imagen: un ataque con drones.

 
Caso: Ataque aéreo a Atinah. Frontera Turco/Siria.
8 de marzo 2015

La primera exhibe en primer plano una escultura sin policromar que sugiere las formas lobulares de los corales. Algunas prácticas sociales del terrorismo de género también adoptan formas agradables a la vista. En este caso se trata de la traducción a la tridimensión, del humo que se levanta sobre una ciudad luego de un ataque. La representación volumétrica permite retener indefinidamente unos efectos visuales del ataque que, en tiempo real, son acotados. Materializa el momento volátil de concentración de humo y gases tóxicos antes de su dispersión y desaparición. Aparecen sensaciones táctiles, porque estos ataques podrían ser sostenidos por nuestras manos. Y, además, la percepción consciente de la magnitud extensa que ese fluido volátil, sin forma y difuso, ocupa y altera en el espacio físico.

En la segunda fotografía nos enfrentamos con un cubo cuya blancura encandila. Es una habitación con su cuarta pared abierta para que veamos la reconstrucción del estallido de uno de los proyectiles. Al fondo se encuentra el misil representado por una potente luz. Las trayectorias de la explosión están indicadas con hilos transparentes que se disparan en todas direcciones. La pieza se basa en un vídeo captado por un teléfono móvil que logró cruzar las líneas de control y blackout tecnológico impuestas por las autoridades paquistaníes.

La reconstrucción permite conocer la brutal transformación sufrida por los cuerpos con el estallido. Allí donde las partículas se vuelven menos densas, es porque han sido absorbidas por ellos. Su posición está indicada sobre las paredes y el suelo. Siluetas rojas irregulares para cuerpos desaparecidos con violencia. En la muestra se explica que algunos misiles explotan selectivamente, por eso el techo de la habitación permanece intacto. Salvo el prolijo agujero que produjo al atravesarlo. Este hueco se encuentra en el umbral de detectabilidad. No es visible en una imagen aérea porque tendría el tamaño de un pixel. Pero sí en esta instalación.
 
Caso: Ataque por drones en Miranshah, norte de Waziristan. Parte del reporte presentado  en  Asamblea General de la ONU, 2013

Ambas piezas de la exposición hacen parte del llamado complejo de imágenes arquitectónicas. Este nombre designa “un método de montaje que reúne y ensambla las pruebas gráficas disponibles en un entorno espacial. Puede utilizarse, como un dispositivo óptico que permita al espectador contemplar la escena del crimen como un conjunto de relaciones entre imágenes en el tiempo y el espacio”. Porque en esta era de la circulación global de imágenes, ver implica ver en relación, verse en esa relación, y ser capaces de vincular fragmentos de diferentes nubes icónicas.

El método que la muestra exhibe combina técnicas del análisis arquitectónico y la ciencia forense, y recupera el significado de esta palabra antes de su reducción al campo de la medicina legal. La raíz latina forensis, significa relativo al foro, a la cosa pública, y se aplica ahora no al mantenimiento de un orden público, sino a la ampliación del campo de acción donde los individuos y organizaciones independientes se enfrentan a los abusos de poder de Estados y corporaciones.
 
“De esta manera la arquitectura forense busca develar el potencial de la ciencia forense como una práctica contrapolítica” se explica en el folleto. La recuperación permite suponer también una vocación de reformular el concepto. Porque el foro, ubicado en medio de la polis, era a la vez la evidencia de una distribución espacial y simbólica de los cuerpos, de una selección entre aptos para el foro, y no aptos en razón de su género, procedencia o profesión. El filósofo Jacques Ranciére llama este sistema de distribución del espacio social “división de lo sensible”. ¿Podría este método contribuir a identificar aquel “plan preconcebido” que tiene el tamaño de un pixel?
 
           
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Posible aplicación del método
 
Estas formas de construir conocimiento sobre circunstancias violentas, mediante su representación visual, puede también ser una herramienta útil para la reflexión crítica sobre los feminicidios. Podrían contribuir, por ejemplo, a la visibilización de los daños, en la instancia de juicio donde se presentan las pruebas que luego se dan a conocer en el tratamiento mediático del caso. Estas pruebas podrían cumplir un rol educativo y no meramente reproductivo de la matriz patriarcal, como sucede en este momento. ¿Por qué es necesario desarrollar métodos de representación visual de los daños, si estos no están ocultos y son de dominio general? Podemos ver fotografías, leer y escuchar sobre ellos.

Es cierto. ¿Pero es esta su verdadera magnitud? Las víctimas no pueden hablar. Y si lo harían su testimonio estaría agujereado por la experiencia traumática, como lo está el de las víctimas de otras violencias de género. Esos huecos, lagunas, son consideradas ausencia de sentido, no suman prueba, restan. ¿Puede una descripción oral mostrar la dimensión del impacto en una vida de una violación? Quiénes juzgan ¿pueden comprender su profundidad cuando su recepción está amortiguada por los elevados niveles naturalizados de tolerancia a la violencia de género? ¿Qué imágenes serían capaces de superar estas limitaciones?

 

 

 
 
 
Ground Truth “Verdad Terreno”: Testimonios de desposesión, destrucción y retorno. Naqab, Nagev (2015 hasta hoy) / El asesinato de Nadeem Nawara y Mohammad Mahmoud Odeh Abu Daher en un día de protesta en las afueras de Beitunia, el 15 de mayo de 2014 (2014-2015) (13:34 Min)
 
La arquitectura forense se define como una estética investigativa. Estética en tanto sensibilidad en acto, capacidad de percibir estímulos a través de nuestras facultades de conocimiento sensible. Investigativa, por reveladora de lo que se oculta en los intersticios, aunque a veces estén a la vista. El pixel, el grano de la foto, el humo que se disipa, el disparo inaudible, lo que pasa desapercibido para la mayoría de los que miran sin ver. Los que no están dentro del campo donde la normalización del feminicidio impacta día a día. Fuera del umbral de detectabilidad.
 
(Agradecemos la colaboración de Sonia Abian)

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